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jueves, 26 de abril de 2007

Entrevista a Lito Marín

Publicado en Sociología en Debate, Año 1, Nro. 1.

Viernes 2 de junio de 2006, 15hs.


Revista Sociología en Debate (RSD): ¿cómo viviste el proceso de fundación de la Carrera de Sociología?, ¿qué venía pasando en la Universidad y en el país en los años previos?

Marín (M): La experiencia fue vivida como una persona que ha formado parte del movimiento estudiantil durante todo el período del peronismo, de 1945 a 1955. Ustedes saben que era un movimiento estudiantil que, francamente, enfrentaba en todo el ámbito de la sociedad una enorme dosis de autoritarismo y, en algunas cosas de la vida puntual de la universidad, determinaciones muy totalitarias. El movimiento estudiantil tiene esta postura que no se la comprende sino se analiza plenamente cuál era la situación de la Argentina durante el desarrollo de la llamada “última guerra mundial” (1939/45). Este era un elemento bastante importante porque durante la última guerra mundial, lo que fue dominante en gran parte del campo capitalista era una lucha antifascista y contra el nazismo etc.; y esto de alguna manera u otra fue un momento que construyó la identidad política, cultural y moral de la gente que luchó durante la guerra y después. Ustedes saben que Argentina, en un principio, se mantuvo como un estado neutral y algunos meses antes de terminarse la guerra, cuando ya la suerte del bloque del eje de Alemania, Italia Japón estaba echada desfavorablemente, intervino y tomó postura por el bando de los “aliados”, lo cual, para la vida cultural de una persona nacida en la década del ‘30, había sido su formación en una lucha “anti”. Sobretodo una lucha de tipo anti-autoritaria: una lucha de tipo libertaria. Ahora, los contenidos ideológico-políticos de esta lucha de tipo libertaria podrían rubricarse en dos grandes grupos: aquellos que lucharon contra una de las formas alternativas del capitalismo como era el fascismo, el nazismo; y aquellos que además que luchar contra esa forma precisa que había asumido el capitalismo, tenían una postura anticapitalista. O sea, prácticamente, cuando termina la guerra la gente que había participado de la lucha antifascista o que había sido formado en una cultura de lucha antifascista enfrenta la siguiente situación: en 1943 hay un golpe militar en Argentina que estaba muy influido por una fracción bastante proclive al campo del nazi-fascismo, con lo cual la gente joven…, digamos, ya estaba en una postura bastante desfavorable al mismo. Y estrictamente hablando era un golpe militar. Perón nace de ese proceso. En esa dimensión, la gran mayoría de la gente que había tenido una postura antifascista tiene una postura por lo menos reticente, o francamente de confrontación al origen y desarrollo del peronismo. Es bueno atender a la postura que instalaba en la escuela pública el peronismo: la sacralización de la figura de un caudillo y de Eva Duarte; atender a lo que eran los intentos de provocación en la enseñanza media y, especialmente, lo que era su instalación en la universidad. Fundamentalmente, ésta estaba manejada por grupos clericales de la derecha o fascistas. Es más, en la universidad, particularmente en la Facultad de Filosofía y Letras, por ejemplo, las cátedras de antropología estaban e manos de italianos que eran fascistas salidos de Italia. O sea que no era que uno les atribuía un carácter y una determinación política adversa, sino que objetivamente eran gente no sólo formada sino que habían tenido un papel preponderante en la Italia fascista. La universidad era eso: un islote bastante sustantivo de la cultura nacional-socialista-fascista. Entonces, el movimiento estudiantil es un movimiento muy acostumbrado a luchar en la semiclandestinidad durante todo ese periodo, prácticamente 10 años; y además con cierta cultura de lo que era la lucha clandestina en la Europa ocupada por lo alemanes. Es así que los jóvenes tenían una gran experiencia en lo que eran las formas de esas luchas, clandestinidad y confrontación, incluso de carácter armado. Cuando el peronismo es derrotado militarmente en el ‘55, se cumplió una etapa bastante sustantiva para la mayoría del movimiento estudiantil. Es decir, poder tomar la universidad y darle un carácter de lo que era la vieja tradición histórica reformista nacida en 1918. Lo primero que hicimos fue tratar de instalar con la acción directa los principios del co-gobierno universitario. Incluso, el movimiento estudiantil planteó con claridad que debía ser tripartito e igualitario, cosa que obviamente no era tan fácil de lograr, a pesar de que el movimiento estudiantil tenía mucha importancia, no tanto por la cantidad de militantes, sino porque tenía para el conjunto de la sociedad una identidad político-moral muy trascendente. En ese sentido, las exigencias nuestras al nuevo poder militar que se estableció a partir de la derrota militar de Perón eran bastante oídas. O sea, el movimiento estudiantil podía hacerse cargo de lo que eran las determinaciones de la masa estudiantil con bastante coherencia y consistencia. De ahí que logramos un triunfo importante en la dirección política de la universidad, sobretodo en Buenos Aires, con la figura de José Luis Romero. Romero se hace cargo como rector-interventor de la universidad y, por supuesto, toda la experiencia que el movimiento estudiantil había adquirido en la lucha se intenta instalar en la universidad. Ahí se producen avances en la creación del departamento de extensión universitaria que, en ese momento, el sentido que tenía era objetivamente el que había originado la lucha de reforma universitaria mucho antes; o sea, una relación solidaria obrero-estudiantil, una universidad en la que la extensión universitaria no se dirigiera sólo a los universitarios, sino al conjunto de la sociedad y, en particular, a los sectores más pauperizados. Pero no tanto una misión didáctica-pedagógica. La imagen era tratar de meterse en los problemas que realmente enfrentaban los sectores más pauperizados, etc., y comprometer la tarea específica de la universidad en la resolución de esos problemas. Así como se crea extensión universitaria, se crea también en el campo de las ciencias sociales: abrir un espacio relativamente original, para lo que era la universidad en ese momento, como es la creación de la carrera de sociología, psicología y la creación de un campo para la historia social. Bueno, eso se logra. Pasa que al poco tiempo se abre un nuevo proceso constitucional, que aparece la figura de Arturo Frondizi, y la radicalidad de la lucha se hace mayor todavía. Y hago notar lo siguiente, el carácter que siempre va tomando el movimiento estudiantil depende sobremanera de cómo se profundizan o no las luchas políticas y sociales en la Argentina. A medida que se radicalizan las luchas político-sociales, van a ver ustedes que el movimiento estudiantil se radicaliza y las demandas cambian y tienen bastante relación con esa radicalización. Entonces, en cuanto a la pregunta de cómo vivimos nosotros ese proceso, lo vivimos con la determinación de crear una nueva universidad que fuera coherente, consistente con lo que había sido la larga y permanente lucha del movimiento estudiantil a partir de 1918. No se puede decir que la universidad que usurpaba la dictadura militar en 1943 había sido una universidad del reformismo, siempre con la complejidad y dificultad, con que incluso hoy en día ustedes pueden estar viviendo como estudiantes, dar a la dirección política-cultural de la universidad un carácter consecuente con ideas más radicales. La universidad que encontramos nosotros era una clerical, fascistoide, lo mejor que podía llegar a tener era el desarrollo de algunas profesiones. Y hubo una confrontación muy fuerte al interior de la universidad, porque muchos de estos grupos intentaban permanecer y el movimiento estudiantil en eso fue durísimo. Una dureza como la que no se tuvo en el ’83, y lo hago notar para ir buscando analogías que permitan comprender situaciones que tienen algo de semejanza con las de hoy en día. O sea, cuando en la caída del peronismo el movimiento estudiantil irrumpe en la universidad, el enfrentamiento real está en tratar de erradicar todo la presencia fascista, nazi en la universidad. Y eso fue bastante complejo.

(RSD): ¿en qué sentido realiza esa comparación con el ‘83?

M: Imagínense que en las primeras horas que uno se hace cargo de la universidad se hace cargo golpeando y confrontándose con todos aquellos que habían refrendado la represión a los intelectuales, de ahí en más, esa fue la relación con lo que había adentro de esa universidad fascistoide y mediocre. Hago la referencia por la complejidad que en el ‘83, ‘84 tuvo el intento de recuperación de la vida universitaria en la Argentina, donde ese elemento no se hizo presente: en términos objetivos, el movimiento estudiantil no se hizo cargo de excluir de la comunidad universitaria a quienes habían oficiado de cómplices de la dictadura. Entre ellos a quién había sido representante de Argentina en la UNESCO, Victor Masuh; quién encubrió el proceso genocida. Hubo una transacción en ese proceso que se pagó caro y se pagó caro históricamente, lo estamos pagando hoy en día. O sea, en el ‘83, ’84 lo que se instala es un acuerdo de encubrimiento entre los dos grandes partidos nacionales, el Peronismo y el Radicalismo, que involucraba, de una manera u otra, ciertos compromisos con lo que fue parte de la presencia de la dictadura. Sino, no se puede entender cómo quedaron defensores de la dictadura como profesores por muchos años, sin que nadie hiciera una objeción. Eso en el año ‘55, ‘56 era impensable. Lo vivimos, en el inicio, como una recuperación democrático-reformista, y cuando digo reformista es en relación a lo que era la raíz histórica objetiva del movimiento estudiantil, donde la radicalidad de su demanda tenía la carátula de reformismo del 1918. Ese era el espíritu, y entonces cada quién intentó construir lo que la experiencia militante le dictaba en ese momento. La gente que había tenido más compromiso en una militancia universitaria trató de crear un territorio, una disciplina científica donde el orden del conocimiento de lo social fuera enfrentado con rigor, con investigación, etc., y no con especulación o rápidas concepciones ideológicas. Había dos grupos: aquellos que nos planteábamos la lucha democrática, anti-autoritaria, libertaria desde una perspectiva anticapitalista, por lo cual cualquier reestructuración académica de cierto rigor era válida, pero insuficiente, y aquellos que no iban tan lejos. Esta doble condición que tenía tanto el movimiento estudiantil como el grupo de los mayores, o sea, de los que iban a surgir como profesores o graduados que se involucraban en la tarea de construir en el campo de las ciencias sociales desde una perspectiva científica; esta diferencia, en ese momento inicial no se nota. Lo que contaba en esos momentos era la determinación común de construir un campo de investigación científica y de docencia en el campo de las ciencias.
Si nos retrotraemos y recordamos lo sucedido en el ’83, después que cae la dictadura, hubo una tendencia a que muchos de los que colaboraron o tuvieron una complicidad encubierta con la dictadura se prorrogaron en la vida de la universidad. Muy bien, también es cierto que se incorpora gente nueva que de alguna manera u otra había luchado contra la dictadura, pero se produce una especie de golpe de mano rápido, de copamiento y monopolización de las decisiones de la reorganización de las universidades: se instala gente muy dispuesta a la transacción, que no actúa y dice “primero, afuera todo lo que fue complicidad con la dictadura”. Esta gente entró en la universidad a ocupar espacios, prácticamente como si nada hubiera pasado. La prueba está en que sociología estaba cerrada, y se abre al momento en que se enfrenta reglamentariamente a la gente que había tenido complicidad con la dictadura. No la franqueza y determinación que hubo en el cincuenta y tanto, ¿se entiende?, ¡Qué reglamentos ni que ocho cuartos! Este es un tema importantísimo. En el 83, 84, tanto el peronismo y el radicalismo orgánico de la pequeña burguesía ilustrada prolongan un acuerdo de monopolizar la gobernabilidad haciéndose cargo de la reestructuración de la universidad. Cuando la última dictadura militar da su golpe en marzo del ‘76 si ustedes analizan en manos de quienes mayoritariamente están todos los órdenes municipales, o sea, el aparato administrativo del estado, territorialmente, van a descubrir que la mayoría no son militares, son gente que viene del aparato del partido peronista o del partido radical. ¡Así de simple! Entonces, yo digo: “aquello –la transacción y el pacto de gobernabilidad- que ustedes pueden ver que sucedió –durante la dictadura- en el territorio de la administración política lo van a ver en la universidad”. Con lo cual, en la universidad si bien es cierto que, objetivamente, la mayoría de esta pequeña burguesía ilustrada del peronismo o del radicalismo no estaba a favor de la dictadura, también es cierto que la determinación de confrontarse con la dictadura era nula, prácticamente; y eso se notó. Son los que van monopolizando poco a poco todo el espacio de las decisiones de la dirección de la universidad. Esto último –la monopolización del gobierno de la universidad- se ha hecho evidente y explícito con más fuerza en este último episodio cuando estalla el comienzo de la actual crisis de la universidad. Y no es casual que haya estallado por la determinación del movimiento estudiantil. Un movimiento estudiantil que en su gran mayoría, sus militantes más activos, forman parte de partidos políticos de izquierda (a pesar de ser una izquierda terriblemente atomizada, puede hacer eso en la universidad aunque no logre lo mismo en otros frentes de lucha).
Ahora, para tener algunos términos relativos y tratar de captar cuál era el estado de ánimo del movimiento estudiantil en la década del ‘50, ‘60, les pongo un ejemplo más rápido: en el ’55, ‘56 no es solo el golpe militar y, además, guerra militar. Esto hay que aclararlo, es muy diferente cuando hay guerra a cuando hay un golpe de manos, como sucedió con el gobierno constitucional Frondizi, hasta el ’62. A propósito conviene recordar que antes de ser derrotado militarmente él anuló las elecciones del 62. En el ’62 las elecciones le dieron el triunfo electoral prácticamente, en todo el país, a un frente formado por el peronismo, el partido socialista y el partido comunista. Arturo Frondizi anuló esas elecciones, sobretodo por la Provincia de Buenos Aires… y a la semana los militares lo sacan a Frondizi. En el ‘63 se vuelve a llamar a elecciones pero se mantiene la proscripción política del peronismo y gana el radicalismo (del Pueblo), y dura hasta el ‘66 que da el golpe Onganía. Pero fíjense este detalle: después de la caída del peronismo (1955), el grupo que es nítidamente de una determinación más anticapitalista, en el movimiento estudiantil, lo primero que hace –al poco tiempo- es comenzar a oponerse a la proscripción política del peronismo: Lo cual parecía algo totalmente contradictorio, para todos aquellos que solo se habían planteado, como razón de su lucha, su carácter libertario anti autoritario. Entonces, parte del movimiento estudiantil vive –la lucha contra la proscripción política del peronismo- como al límite de la traición.

(RSD): ahí va viéndose esa especie de correlación que señalabas entre las luchas del movimiento estudiantil y las distintas coyunturas de la realidad política nacional, ¿no?

M: Claro. Ahí empiezan a notarse, entre otras cosas, las diferencias con una lucha democrática contra un totalitarismo que no necesariamente implicaba una lucha anticapitalista ¿se entiende? O sea, el grupo que es consecuentemente democrático en el movimiento estudiantil se opone a la proscripción política del peronismo. ¡Así de simple! Porque eso significaba proscribir el 60 o 70% del conjunto de los obreros de Argentina. Entonces, cuando la lucha político-social en el país comenzó a profundizarse, la gran mayoría del peronismo y en particular su fracciones obreras, empiezan a luchar contra su proscripción política. Y ahí hay toda una fracción del movimiento estudiantil que se pone a la par a pesar de no coincidir en la concepción política del peronismo, al cual lo consideran como una alternativa capitalista más.

(RSD): ¿y cómo convergen esas diferencias en la construcción del espacio de las ciencias sociales?

M: los primeros problemas que tenemos en la construcción del espacio de la ciencias sociales, los empezamos a tener en el ’61, ‘62, cuando una parte de los que han promovido el desarrollo, el desempeño científico-social en esa área empiezan a tener posturas que tienen que ver con el proceso político nacional. Se trata de una lucha política para romper con una proscripción política de masas, prácticamente. Hay un libro que salió hace un mes o dos, de Alberto Noe y dice casi anecdóticamente acerca de un enfrentamiento entre quien habla y Gino Germani, pero desgraciadamente no dice las razones puntuales del mismo, pero son muy graciosas. Lo que estábamos votando –en la reunión referida en el libro- es que todos los profesores votáramos, no sólo aquellos que habían hecho el concurso (aunque no se llamaba “concurso” igual que ahora). Estábamos demandando tener representación los profesores porque, claro, quién habla que ya era profesor, yo estaba representando como graduado, pero no lográbamos que todos los profesores interinos que eran prácticamente la mayoría, ya en ese momento, votaran. Bueno, pero, en realidad, si tengo que explicar este distanciamiento, digo que tiene un proceso estructural anterior, y era que este grupo de profesores de una manera u otra tenía unan idea de radicalización cultural-política en donde su determinación anticapitalista estaba en ciernes y elaborándose cada vez más. Tal es así que Germani dice, unos días después, “¿pero qué es lo que quieren ustedes?”, y le digo que tiene que haber otras orientaciones. Con Germani, además, teníamos un amistad, ¿no?. Imagínense, habíamos pasado años construyendo ese espacio, pero bueno, le digo que tiene que haber una orientación marxista. Ojo, no es que no estuvieran presentes los textos de Marx, ni las corrientes leninistas etc., pero bueno, “se trata de construir conocimiento desde esa perspectiva” le decía. Tal es así que ese grupo de profesores, que éramos seis, después de esta votación con Germani decidimos construir un centro de investigación paralelo a la universidad (lo que llegaría a ser más tarde el CICSO), pero no ajeno a la vida universitaria. No abandonándola, sino para tener una usina para poder trabajar en la universidad . Pero qué pasó, que se encubrió y deformó todo: que a los dos meses estuvo el golpe de Onganía. Y entonces todo el mundo estaba convencido de que nuestro centro de investigación se había desencadenado como consecuencia del golpe, y esto no era verdad .

(RSD): decías que una de la razones por las que tenían diferencias era el tema de las orientaciones, ¿Cuáles eran, en ese tiempo, las orientaciones dominantes?

M: era realmente una orientación científica rigurosa, de eso no hay duda, pero muy influida por las modas permanentes en el campo de las ciencias sociales a nivel internacional. Justamente, si algo tenía de bueno la formación de ese momento, es que era una formación cultural muy rica, pero de lo que teníamos más necesidad era de ver qué sería de eso de aplicar Marx a la aplicación científica, etc. O sea, les pongo un ejemplo de la situación: el único curso de Marx que había en la universidad cuando se produce el golpe de Onganía era el mío, que se llamaba “La división del trabajo en El Capital de Marx y en Max Weber”. (O sea que, en el momento del golpe de Onganía, yo hacía ese curso; y fue muy gracioso, ya que a pesar de que la dictadura militar de Onganía había triunfado, sin embargo durante un año se siguió tomando examen de ese curso. Nadie entendía cómo sucedía, y ese era el único curso en toda la universidad. Y no porque no hubiera gente de izquierda comprometida, etc). Les puede costar entender, pero en la década del ’60, fíjense, la guerra termina en el ’45 y recién en el ‘55 se puede decir que hay una reelaboración cultural a nivel mundial -sobretodo en Europa- en el plano ciencias sociales. Hay un lento proceso tanto en Europa como en América Latina de radicalización de las luchas políticas, etc., y entonces los temas que hacen a las luchas revolucionarias y democráticas empiezan a dictarse en la vida académica. Cada vez más en Europa como en América Latina, y yo diría que con cierta antelación en América Latina y ex post en Europa. Y de esto hay ejemplos, como el del ‘68 francés en relación a lo que había sido 1918 en la Argentina: un proceso que un país de América Latina había sufrido 50 años antes, en Europa recién en 1968. La cosa es que uno, que estudiaba ciencias sociales, a fines de la década del 50 ya empezaba a convivir con una cultura que en Europa empieza también a radicalizarse cada vez más, y ese reflejo de la cultura europea radicalizándose es el que uno quería empezar a instalar entre nosotros. Pero hay una cosa importante que aclarar: en ningún momento Germani inhibió la posibilidad de profesores radicalizados, etc. Lo que pasa es que nosotros pedíamos un plus. Personas radicalizadas que habían pasado por el Instituto, o carreras de sociología europeas las había habido. Claro, eran pasajes fugaces y débiles porque, por supuesto, la última guerra mundial mató muchísima gente en Europa, y mató en primer término a gente radicalizada de partidos de izquierda, etc., y eso se notó en Europa durante muchos años. Recién se puede decir que a partir del ‘55 en Europa empieza a reconstruirse una cultura, un poco influencia del Partido Comunista Italiano y del Partido Comunista Francés; que empieza a reconstruirse una presencia activa en la vida social y académica de las corrientes marxistas. Muchos de los textos con los que nos formamos en la década del ‘50 eran traducciones de textos de alemanes, y mucha de esa literatura prácticamente hoy ya no se consigue. De Lenin, empieza a imprimirse la colección de manera sistemática a partir del ‘57, ‘58. O sea, era conocido por un par de tomos, ni siquiera de las obras completas, sino aislados. Y este era un fenómeno mundial, no es que nos sucedió a nosotros como rezago cultural. No, al contrario, había más rezago cultural, en última instancia, en Europa que en Argentina y en Chile, incluso.

(RSD): y además de los dos grupos de los que usted nos habló, ¿había algún otro actor que en ese momento pueda considerarse importante dentro del espacio de las ciencias sociales?

M: Ahí no, la verdad. Tal es así que el último que había llegado con una personalidad de izquierda era Silvio Frondizi, y Silvio llega porque empieza a aparecer en el ‘64, ‘65 una fracción más de origen trotskista, multifacética, de muchas corrientes y son de los que empiezan a presionar y Germani dice que sí. Tal es así que empieza a dar clase Silvio Frondizi. Ese detalle de un Germani no anticomunista es importante. Alguien dice, entonces, “¿por qué usted se distancia de él?” Bueno, porque a Germani, digamos, lo obsesionaba la lucha antifascista fundamentalmente, y su enojo conmigo, más en las cosas políticas era por la decisión nuestra, en el ’62, de la lucha contra la proscripción política del peronismo, etc. Con mucho respeto, pero se notaba que entre nosotros se empezaba a producir un distanciamiento cada vez más duro.

(RSD): y las figuras como Roberto Carri, ya son posteriores, claro...

M: Así es, fijate que Roberto fue alumno mío en el seminario de La división del trabajo en Marx, específicamente, en El Capital. Tal es así que creo que es la última materia que hace Roberto Carri, ya su radicalización era en una especie no estrictamente dentro del peronismo, sino un nacionalismo de izquierda, lo que yo llamaría hoy en día la lucha por la “autonomía capitalista”. Cuando aparecen la cátedras nacionales no es que están transando desde la perspectiva desde la experiencia de cada quién de ellos, es gente que quiere luchar, pero están articulando una cosa nacional-popular, radicalizada en apariencia pero nacional-popular, como es el caso de Carri. Pero insisto que si no se entiende la barrida (la purga) anterior no se entiende por qué llegan. Porque es muy parecido al ’84, ’85. Cuando ustedes oyen cátedras nacionales pueden tener una imagen errada sino captan la historia de ese proceso, que tiene que ver con el modo cómo la pequeña burguesía ilustrada va constituyendo una corriente que a medida que se radicaliza se hace más nacionalista. Entonces se produce una gran confusión: una cosa es estar contra la proscripción política del movimiento de masas y otra cosa era hacer entrismo o identificarse en una mímesis con el peronismo. No, uno venía de una cultura política de origen en Marx, de las largas experiencias complejas y complicadas en el campo revolucionario: para nosotros era coherente estar contra la proscripción política de las masas, pero para algunas corrientes trotskistas no. No todos ellos eran entristas. No es fácil comprender –hoy día- este tipo de posturas de lo que eran las concepciones políticas dominantes en aquel momento.

(RSD): por otra parte, ¿se daba una discusión entre las cátedras nacionales y el “cientificismo”?

M: No era así, lo que se llamó el “cientificismo”, como tal, en ciencias sociales no existía. En donde existía era en facultades como ciencias exactas. Ahí lo que pasa es que, por adscripción al momento político, muchas fracciones de la izquierda radicalizada llamó “cientificismo” a todo el bloque que de alguna manera u otra conducía la universidad en todas las facultades, pero era una extensión poco correcta cuando se la instalaba en todo el campo de las ciencias sociales. Era correcta en términos relativos, cuando objetivamente uno presionaba para que en el campo de las culturas políticas tuviera más presencia una cultura radicalizada. Hay un artículo que escribí (“Pueblo y Ciencia” política de masas apareció en la prensa del Partido de la Vanguardia Popular) y que señala que cuando uno dice cientificismo, más que nada está pensando en el bloque que controlaba las determinaciones políticas educativas más importantes de la universidad; en una tendencia a hacer una práctica académica tremendamente divorciada de que era la realidad y el caos que estaba viviendo el país.

(RSD): entonces, en cuanto a la sociología en particular, ¿Germani es ubicable dentro de ese bloque cientificista sin más, o cuáles son los matices?

M: los matices son que Germani nunca se opuso a las investigaciones reales, cualquiera sea la orientación del que la hacía. Eso es central, o sea, la virtud que tenía es que a él le interesaba la investigación científica. De todos modos, siempre digo que hay que atender a los procesos y no etiquetar así nomás. Por ejemplo, si volvemos a lo sucedido luego de la última dictadura, yo digo que no sólo mata gente, sino que limpia espacios que después son cubiertos, supuestamente, en un proceso de euforia de democratización. Claro, nadie se pone a pensar quiénes son los que los cubren y dónde están los que no están muertitos y no llegan a tiempo, etc. Es muy complejo. La reconstrucción de sociología a partir del ’85, ’86 no se entiende bien si no se saben esas cosas. Nosotros logramos resguardar bastante el desarrollo de sociología a partir del ’86, ’87 en adelante, en este instituto [refiere al IIGG]. O sea, no lograron penetrar en Sociología y en este Instituto como lograron penetrar en toda la Facultad y en la Universidad. Pero no logramos, tampoco, dirigirla, lo único que pudimos fue resguardar este espacio, para que no cayera en la misma monopolización de poder que sucedía en el resto de la universidad. Y para lograr eso uno tiene articulaciones con otros grupos. Y si alguien dice, “¿qué logró todo eso?”, bueno, que estos espacios finalmente terminaron siendo espacios plurales. A veces, para preservar un espacio, la única manera que tenés es hacer la alianza posible para que no te sea usurpado y monopolizado. Es un precio que hay que pagar: postergaciones temporales, presupuestarias, de los propios programas, etc.

(RSD): entonces, considerando los procesos, ¿qué condiciones de proceso fundacional de la carrera puede visualizar en el presente?

M: la más importante es la que estaba planteando del movimiento estudiantil y de las gremiales de profesores. O sea, que no puede ser que una asamblea esté restringida a un proceso de cooptación, a un monopolio de poder que se ha ejercido desde el ’85 en adelante. Es de locos. Qué pasa, no son gente estúpida, tienen otros intereses, digamos, lo mismo que había antes plenamente desarrollado da un grupo pro-capitalista a full, y otro contestatario que en el fondo no es pro-capitalista. O sea, lo que uno veía de una forma muy poco desenvuelta treinta años antes, hoy uno lo ve como dos bloques. O sea, el dominio del bloque capitalista que intenta y que ha logrado bastante, porque no es casual que haya cuatro facultades de un lado y el resto del otro. Y las facultades que están por este lado son las tienen mucho más que ver con la creación del conocimiento, que con la profesionalización del conocimiento preexistente. O sea, no es un corte tan, tan arbitrario: de un lado está la gente que de alguna manera u otra lucha, incluso con distintas perspectivas, pero que hace una determinación de la investigación, de la creación del conocimiento original, etc. Es más, que hace una determinación del compromiso con la sociedad no de arriba hacia abajo sino, como diría un zapatista, de abajo y hacia la izquierda. Es una diferencia brutal.

(RSD): ¿y vos ves esa determinación en Sociología, hoy?

M: Sí, aunque nadie puede decir que la ve en la mayoría. Por eso les digo que esto lo preservamos pero pagamos un precio: yo no lo estoy dirigiendo, pero no porque no haya habido una alternativa de izquierda, sino porque si hubiéramos impuesto, ganado esa alternativa, esto se hubiera desinflado. Así de simple, una especie de CICSO abstracto, ¿entienden? O sea, se pagan precios. Tenés que pensar bien cuál es la fuerza capaz de no dejar entrar la derechización, aunque pagues el precio de que tu programa deseado no sea el dominante, y te quedés reducido y con recursos escasos… apurar mucho suele llevar a la fragmentación infinita…

(RSD): bueno, estas cuestiones también tienen que ver con cómo y quiénes cuentan la historia, en este caso, de nuestra carrera, ¿no? Por ejemplo, una de las cosas que se suele decirse es que en los orígenes de la carrera o cuando va radicalizándose la situación política, hay intelectuales en un sentido “clásico”; en el sentido de que tienen una inscripción concreta no sólo al interior de la Facultad, sino fuera, en la creación y puesta en práctica del conocimiento, que no escinden ambos momentos y se comprometen socialmente.

M: Bueno, de esos no habían muchos, éramos poquitos y, además, no puede ser de otra manera en una sociedad de clases, etc. Pensar al revés es un error atroz. En los países que transitan etapas revolucionarias, en esos procesos lo que se ha logrado muchas veces es que lo que pasa a ser dominante es una pequeña burguesía radicalizada en términos de liberación nacional. Lo cual suena bien en ciertas etapas de las luchas del continente, pero es aberrante en el momento en está la posibilidad de construir una alternativa, las precondiciones socialistas, etc. Claro, uno no ve esa contradicción hasta que no le crean las condiciones reales. En ese momento resulta que uno descubre que los famosos “liberación nacional” se convierten en “autonomías capitalistas”. Después, en ese momento, los que pretenden construir condiciones democrático-socialistas no tienen con quién: pues se han pasado para el otro lado.

(RSD): ¿y por qué no se cuenta y, si se cuenta, cómo ý quién cuenta la historia de nuestra carrera?

M: Bueno, la de nuestra carrera es una historia que debe contarse, en principio, por los actores. Cuando a mí me preguntan: “¿cuál considera usted que es el actor más importante?”, que esté vivo, ¿no?, el más importante a mi manera de ver es Jorge Pedro Graciarena, pero es una persona que a partir del ’86, ’87, bajó la persiana. Es uno de los amigos que he tenido y recuerdo que cuando yo estaba en Chile, prisionero en el Estadio Nacional, posiblemente haya sido el que más luchó para que no me pasaran por las armas. Ël lucho por mi libertad, en esos momentos estaba como funcionario de las Naciones Unidas... Sin embargo, no lo volví a ver. En condiciones en que el mundo se radicaliza y hay lucha durísima, las distancias entre dos íntimos son infernales. Es muy difícil cómo confrontar la lucha al interior y sin dañar en ciertos agrupamientos político-culturales. Hay una mala costumbre, que apenas uno se separa tiene que hablar mal de los otros. No, tenemos metas que son muy semejantes con perspectivas que no lo son tanto. Ya, el que llegue primero mejor, alguno llega. O sea, yo he visto quebrarse a gente de miles maneras y sin ser traidores. Por miles de circunstancias. No es tan fácil vivir represiones, vida clandestina, etc. Entonces, el que no puede hacer eso qué, ¿es un jodido? No, es humano. Volviendo, ¿no?, voy a seguir diciendo que Graciarena es la persona más importante para el que quiere entender la construcción de la Carrera de Sociología. ¿Quién le sigue? Bueno, la cosa es quién le sigue y si estaría dispuesto a decir las cosas, que no es chiste. Pero mucha gente no, por muy distintas razones o porque, ojo, porque la gente cambia y eso tampoco es chiste. Yo he cambiado, sí: cada vez conozco más la realidad, y estoy más hacia abajo y hacia la izquierda. No voy a decir “no, yo nací así”, porque todo lo que he aprendido durante cuarenta, cincuenta años de lucha es impresionante: el privilegio de haber podido estar en Chile y haber luchado; de haber estado en Centroamérica y haber luchado, es un privilegio infernal, intransferible. Bien, lo que es transferible es cuando me preguntan: “che, ¿quién más?” Uno se rasca la cabeza, porque dice: “actores vivos los hay?”, y Graciarena es uno, quizás el más importante. Murmis mismo, pero la última vez que lo vi fue en el año ’76, han pasado casi treinta años. Tampoco sé qué es Verón, ¿entendés? Ahora bien, el papel más importante fue el de Germani, Graciarena, Murmis y, bueno, yo creo que fui de los que estaba metido en la caldera del diablo. ¿Qué aparezca un Di Tella? Convivió en una etapa en que ya la máquina estaba puesta. ¿Quién otro? Cantón estuvo. Bueno, no es tanto de los que arman la carrera inicial, por decirlo de alguna manera, pero la acompaña inmediatamente. Ese es el papel de ustedes, ¿no?, ustedes tienen que ser los que refundan la Universidad. Por eso es bueno que sepan de todas estas mañas y que de las anécdotas saquen sugerencias. Pero miren, de hoy para siempre: para construir cosas no se valen las mediaciones preexistentes, la única alternativa es la acción directa. Todo el resto es ruido al cual uno está encadenado, sea lo que sea la mediación preexistente. Para crear una acción original hay que hacerlo con acción directa. Así de simple. Una de las virtudes que yo reconozco en la recuperación actual del movimiento estudiantil en Argentina es cuando en Sociología decidieron “un voto, una persona”. Claro, hubo quienes dijeron “rompen las reglas del juego”. ¿Qué reglas del juego?, si se usa la ley para jodernos las 24hs. del día. Y se dice: “ustedes no respetan las leyes”. No, no pienso respetar leyes inhumanas, porque si la ley le sirve a usted para construir un monopolio en la universidad, para desfinanciar la universidad, para la corrupción de la universidad, etc., etc., usted no me pida que lo ayude a eso. ¿La alternativa cuál es? No es un salto al vacío, no. Actualmente, si el movimiento estudiantil no decidía boicotear la asamblea universitaria, ¿qué pasaba?, la sociedad no tendría ni idea de lo que se desarrolla y sucede en la universidad. No es verdad que haya que usar la violencia, es un error eso, pero lo que sí hay que usar es la fuerza moral. Pero ojo, una fuerza moral convertida en fuerza material, capaz de hacer cosas, construir cosas. Ahí empiezan las mediaciones: “no, que tenemos que...” Si no lo hacen, directamente, no lo hacen. Hace un año y medio o dos, vino un grupo de 30, 40 estudiantes chilenos a hablar conmigo porque, bueno, yo tuve un pasado por Chile. Entonces, lo primero que les dije, “recibo a un grupo de estudiantes que ha comido la cantidad de mierda necesaria para ser universitarios. Ustedes están adentro cuando saben que el %80 de los estudiantes que intentaron ingresar a la universidad quedaron afuera, y nunca los he visto luchar por eso. ¿Nunca!. Así que no me vengan a hacer la crítica de la alternativa revolucionaria del capitalismo al socialismo si no son capaces de saber eso y cambiarlo”. Lo saben, pero se radicalizan en una novela de fantasía; porque la lucha real que les corresponde es eliminar los privilegios que usan y reafirman la exclusión de las mayorías. Les decía, hay que usar la fuerza que se tiene, moral, legítimamente conquistada, y usarla, usarla. Así de simple.

(RSD): ¿y creés que el proceso que se está viviendo actualmente en la UBA tiene relación con los sucesos de 2001?

M: A mi manera de ver no, pero esto tiene que ver con algo muy importante: el lugar que ocupa en la cultura de clase, digamos, de la pequeña burguesía urbana en la universidad y la radicalización. Vamos a ser francos, de los 300.000 estudiantes involucrados en este proceso, en el mejor de los casos y siendo generosos, habrá un %10 involucrado, de los cuales sólo se moviliza un %10. O sea, excepcionalmente son unos 3000 los que la joden. Es cierto que representan de manera muy legítima y auténtica a no menos de 30000. Y si me dicen “¿y el resto?”, miren, lo inorgánico llevado al extremo: cada cual por su lado. O sea que los únicos que tienen una conciencia social, por la positiva, son esos 3000. Y creo que las cuatro facultades debieran declararse en rebeldía. Así de simple, pero para que eso suceda los graduados tiene que empezar a moverse, y no han hecho nada sustantivo, prácticamente. Si lo pensamos con la cabeza fría, es cierto que mucho de esos graduados han influido notablemente para que existan los jóvenes estudiantes que avanzan y golpean. Pero en términos de fuerza orgánica, moral, faltan en la acción. O sea, que dejen de ser representados y se hagan cargo de la situación. Esas cuatro facultades deberían declararse en rebeldía, pero para hacer eso tienen que afirmarse internamente fuerte, porque apenas den un paso más adelante, las van a intentar fracturar, ¿no? Y ahí hay uno ve que hay que estudiar los procesos en marcha. Lo sustantivo de una fuerza social es qué es lo que la articula. Y las articula algo que se ha demostrado de una positividad enorme, o sea, la legitimidad moral de su demanda. Claro, a la larga el proceso sigue y esa heterogeneidad empieza a producir efectos adversos, de acuerdo, pero uno lo sabe y, entonces, tiene que ser muy sensible y prudente: sensible a la heterogeneidad, lo cual te dicta cuál es el paso de prudencia de lo posible y sin fracturar esa heterogeneidad. Es el límite y, bueno, habrás llegado a esa etapa, pero hay que pensar bien en la próxima… No es que llegaste y “la revolución triunfante”. ¿No hay cosa que le haya hecho más daño al campo revolucionario que la frase esa “la revolución triunfante”!

(RSD): ¿y por qué creés que es difícil profundizar el debate y empezar a hablar concretamente de qué universidad tenemos y qué universidad queremos?

M: Creo que el debate ha sido fuerte cuando ha centralizado sus propuestas, o sea, cuando ha abandonado el pantano de la famosa lucha por el presupuesto. Y recién ahora se lo ha planteado como un proceso político abierto. Lo más importante del movimiento es que tiene una determinación de desencadenar un proceso de democratización. Ahora, formas más concretas que visualice en lo inmediato... las representaciones deben cambiar. En el área de los profesores es obvio que si sólo el 15% o el 18% tienen voto, estás dejando por lo menos el %80 sin voto. Esa es una bandera legítima para el movimiento estudiantil. Alguien me dice, “Solo para los profesores”, ¡No!, insisto, para el movimiento estudiantil, porque la única manera que tiene de descabezar la situación es, realmente, que esa masa del %80 se empiece a hacer presente. “Eh, pero usted sabe que...”, no, no empecemos. ¿Cómo bajás ese proceso de democratización?, y... ahí está lleno de pantanos y obstáculos pero bueno, creo que es importante realizar una etapa y no especular con la próxima, porque nadie puede llegar a prescribir sus condiciones. No hay que dejarse arrastrar a la especulación programática. Es una reflexión imposible de realizar. Podés realizar una reflexión a partir de la realidad preexistente y decir cuánto de esa realidad te ayuda en ese proceso de democratización y cuánto no. Creo que se ha abierto el problema y hay que tratar de que no se cierre. Hay unas autoridades que han dado un golpe de mano, y hay que sacarlas. Si hay que tomar la universidad cien veces, habrá que tomarla y demostrarles que no van a poder gobernarla a partir de ese golpe de mano. Están convencidos de que sí, y nadie dice lo que hay que decir: la centralidad del golpe de mano es porque manejan el aparato financiero de la universidad. Lo único que quieren son las secretarías de Hacienda; no quieren otra cosa: les importan tres carajos las currículas, las becas, etc. El día que se haga una investigación acerca de cómo se ha manejado Hacienda... no pueden llegar a creer la cantidad de millones que han robado: clientelísticamente, corruptivamente o lisa y llanamente en un robo abierto.

(RSD): y en cuanto a que la universidad tiene que volver a ser un actor político-cultural protagónico en la sociedad de hoy, ¿cómo verías vos esa posibilidad, y qué papel le cabría a la sociología?

M: en realidad, como principal nunca lo tuvo. Eso es una macana, como cuando se dice “la universidad de los ‘60” y todos ponen cara de circunstancia nostálgica por la positiva. No es tan fácil, y más cuando venías del ’45 al ’55. Vos pensá: miles de estudiantes presos, durante esa década 45/55, la gente pagaba para dar examen, etc. Lo que pasa es que se idealizan situaciones de democratización en la vida universitaria. Claro, se idealizan porque son los elementos deseados de la positividad. Pero no hay que descuidar la realidad objetiva que transitó esa etapa y exagerar. De todos modos, la recuperación de las experiencias del pasado es muy importante para las luchas del presente, aunque siempre se corre el riesgo de sublimar una etapa que es preciso conocer mejor. Si nos matan a 30000 tipos, ¿alguien puede pretender que cada uno de nosotros tiene una fuerza propia?, ¿No, hay otra manera de empezar a reconstruir una fuerza propia? Por algo perdimos, así de simple, y entonces el error es sublimar el ‘70, sublimar el ‘60, sublimar el ’50... No, cuando nos derrotan tenemos que entender bien por qué; y parte de la derrota se debe a errores nuestros. Sí, están en presencia de un maximalista, pero así fue siempre: las contradicciones, los enfrentamientos. Usen la fuerza que tienen, no se dejen desviar, pero úsenla frente al pánico de todos nosotros. Y, cuidado, que siempre les van a decir “este no es el momento”. ¿Prudencia?, Sí, pero es mejor equivocarse por ese lado que no hacer nada… Porque el que hace algo y se equivoca, si lo hace con la fuerza conveniente tiene la fuerza para corregir. Así de simple: nadie avanza sin cometer algunos errores, pero el error no puede ser más grande que la fuerza que se tiene, y a veces es inevitable cometer errores… pero, no hay drama, hay que corregirlos! Del presente como desafío, les propongo seguir la conversación más adelante. ¡Hasta la próxima, suerte!

domingo, 1 de abril de 2007

Historia de la Carrera de Sociología

A principios de 2003, la dirección compartida de la Carrera de Sociología invitó entre otros a los profesores Horacio González y Juan Carlos Marín al debate. Durante aquel año, Christian Castillo y Miguel Angel Forte co-dirigieron la Carrera, expresando de algún modo la resultante de la iniciativa y la lucha desencadenada por los estudiantes para elegir en forma directa a la dirección de Sociología.A continuación, transcribimos el discurso de cierre de la jornada.


Juan Carlos Marín: Previamente quiero agradecer a la nueva dirección de la Carrera de Sociología por el empeño de habernos juntado en esta jornada, y sobre todo por el genuino desafío de las dos personas que acaban de hablar, de pensar en voz alta, de no ir tanto con una forma pre–establecida a la reflexión sino de instalar un momento de reflexión. Y también quiero particularmente agradecer a Horacio [González] por haber instalado con tanta nitidez y franqueza, quizás uno de los temas que más nos motiva a todos. En el conjunto de los temas que fueron muchos, quiero enfatizar algo, que es central y conviene no olvidar. La mayoría de los que estamos aquí por rutas muy diferentes a veces y algún tronco común, tenemos la más profunda convicción acerca de nuestra disconformidad con el orden social que nos rodea y con el cual vivimos. Creo que es esa disconformidad sustantiva la que hay que instalar para entender en qué momento en Argentina se construye, en busca del desafío de instalar parte de las ciencias sociales y el destino del conjunto de las ciencias sociales, una carrera. O sea, en qué momento se instala la Sociología como una carrera sistemática en la vida de la Universidad Argentina. Sólo se puede comprender si se vuelve a instalar esa disconformidad, que ha producido gran parte del actual movimiento de renovación, de reconstrucción del hábitat de Sociología. Pero sobre todo, tratar de comprender en qué momento de la historia del mundo se instaló eso; se instaló en un momento que uno de los elementos centrales de la vida era la lucha contra el fascismo, la lucha contra el espíritu de una Alemania nazi, No se puede entender la fundación de la Sociología, a fines de la década del ´50 si no se comprende que la gran mayoría de los que comenzaron esta empresa con muy pocos recursos -entre ellos, pocos recursos intelectuales- los que emprendieron esa tarea eran luchadores antifascistas, no sólo gente disconforme con el carácter capitalista del orden social, sino con la certidumbre y la plenitud de que la lucha antifascista era y constituía una lucha permanente. No era el accidente del desenvolvimiento del Capitalismo de escala mundial, era un elemento intrínseco permanente en el Capitalismo y que había tenido una de sus expresiones más aberrantes e inhumanas.
La carrera se funda prácticamente porque un conjunto de militantes universitarios crean las pre-condiciones a partir de la toma de la Universidad hacia fines del ´55. Es a partir de esta determinación de una parte sustantiva del movimiento estudiantil que instala una figura que tiene importancia excepcional en la creación de la carrera de Sociología como es la figura de José Luis Romero. Tal es la visibilidad que crea un conjunto de luchadores antifascistas y que también albergaban un profundo deseo de carácter socialista el que crea las pre-condiciones de desencadenar una nueva actividad académica en la vida de la Universidad Argentina. Es a partir del nombramiento de José Luis Romero como rector e interventor de la Universidad que se avanza en la certidumbre deseada del movimiento estudiantil, sobre todo en todos aquellos en que aparece un segundo elemento sustantivo, que creo es el que realmente golpea permanentemente a Horacio [González], aparece la necesidad de conocer con una radicalidad sustantiva, que nos haga comprensibles este proceso reiterativo del carácter capitalista del orden social, esta inhumanidad que se instala permanentemente. Es por eso que el nacimiento de la carrera de Sociología tiene un profundo compromiso con el carácter cultural de ese tipo de disconformidad.
La Sociología que se instaló a fines de la década del ´50, ha sido muy confundida y atacada por confundirla con una especie de cientificismo cuantitativo, cuando en realidad la empresa que intentaban realizar, que realizaba en gran medida el primer destacamento, era una empresa consustanciada por desentrañar el orden cultural que había creado con esa capacidad de originalidad, al fascismo y al nazismo, esta era una demanda sustantiva que corta transversalmente a la cultura en todo el mundo. Desentrañar el fascismo, no como un desafío netamente historicista, sino desentrañar esa capacidad inventiva del Capitalismo. Este creo que es un elemento esencial para comprender la creación de la Carrera.
Cuando Horacio [González] dice que hay algo de ruptura en la fundación de la sociología como carrera a fines de la década del ´50, es cierto, tiene mucho de ruptura. Porque el tipo de desafío que tenía que enfrentar este conjunto de gente era un desafío relativamente original, no era el desafío que la Sociología inicial argentina había tenido que enfrentar con esa intensidad y dramaticidad. El fascismo en Argentina no era un elemento ajeno, que ocurría en Europa, el fascismo era un elemento de la vida de los argentinos durante la década del ´30 con una profundidad total.
Entender esto, nos hace comprensible a uno de los precursores mas sustantivos de la lucha que hubo contra el fascismo, y que tuvo en Argentina un Severino Di Giovanni, alguien que tenía la más profunda convicción de que había que enfrentar a ese carácter del Capitalismo de manera frontal y sin ningún tipo de concesión, fue el primer mártir claro, nítido, de la lucha antifascista en Argentina. Ese magnífico libro de Osvaldo Bayer, esa nítida radiografía que nos permite entender el precio que pagó un luchador antifascista, era en Argentina, no era en Italia. O sea que, la lucha contra el fascismo no era una lucha de moda europea. La lucha antifascista era una lucha que tenía su territorio en realidad también en Argentina que, por supuesto, fue alimentada por una enorme cantidad de luchadores antifascistas que tuvieron que emigrar o fueron expulsados por razones políticas a la Argentina.
El Germani que va a buscar el movimiento estudiantil, es el Germani que viene de una tradición y una lucha antifascista y también de un deseo hacia el Socialismo, como expresión de su crítica al Capitalismo. Y el Germani tiene una concepción estratégica de cómo instalar ese desafío de generar una carrera, y su concepción estratégica está fundada en enfrentar con nitidez una estrategia de construcción de conocimiento. Ese es el Germani que el movimiento estudiantil admite y apoya y con quien se asocia en la empresa de construir la carrera. Y la carrera comenzó su ciclo y, de alguna manera notable influyó prácticamente no sólo en Argentina sino en gran parte de América Latina. Pero serán los procesos políticos sociales inmediatos los que habían determinado esta situación, y quiero insistir en esto, la fundación de la Sociología como carrera es una fundación nítidamente política, y duró esa experiencia esa construcción de una manera sólida y casi monolítica hasta que las condiciones políticas del desarrollo de las luchas políticas en la Argentina la violentaron. Es importante también contar en qué momento esta relación solidaria entre estudiantes, jóvenes graduados en otras disciplinas y el mismo Germani se mantiene como una empresa única y trascendente.
A partir de mediados de la década del ´60 esta relación fraterna, idílica y solidaria se empieza a resquebrajar, como resultante de los procesos que asume la lucha política en Argentina.
Era legítimo para la enorme mayoría del movimiento estudiantil universitario que cubre del período del ´45 al ´55, su enfrentamiento frontal y su resistencia al gobierno del peronismo, era totalmente legítimo en tanto –el movimiento estudiantil- estaba influido notablemente por una cultura del antifascismo, y en la medida en que del ´45 al ´55 expresa un régimen -si bien no totalitario pero sí de un enorme autoritarismo político- era totalmente legítimo confrontarlo y el movimiento estudiantil tuvo miles de presos. La Universidad que pasó por el ´43 al ´45 comenzó a ser la Universidad del peronismo con el desalojo de una mayoría de personalidades, de intelectuales ilustres y consecuentes. La Universidad durante ese período -1945/55- fue una Universidad de carácter clericalista, prácticamente confesional, que se notó sobremanera en la Facultad de Filosofía y Letras. No fue casualidad que en la Facultad de Filosofía y Letras se instala la empresa de construir una carrera de Sociología. Y se instala allí porque se podía convivir con disciplinas como la carrera de Historia, Antropología y también se instala ahí porque simultáneamente es posible instalar y desencadenar también la carrera de Psicología: era el clima mínimo adecuado para instalar la Sociología en las condiciones de existencia de la ciencia social.
Pero esta empresa vivida con pasión por gente que tenía una enorme disconformidad con el orden político y social dominante empieza a resquebrajarse cuando las luchas políticas en Argentina empiezan a instalar como una demanda de esencialidad luchar contra la proscripción política de lo que la mayoría de los obreros sentían como propia. Es a partir del principio de la década del ´60 que esta determinación de los jóvenes que mantenían su sensibilidad ante todo proceso de inhumanidad. Y era, en particular, una gran inhumanidad proscribir políticamente al movimiento de masas; sobre todo de carácter obrero en Argentina. El movimiento estudiantil se hace sensible de la demanda de lucha por lo que esas masas consideraban su identidad política y es a partir de ese momento que se produce una crisis de los luchadores antifascistas. Esa crisis expresó su peor momento hacia el ´62, ´63, y prácticamente encuentra, cuando se produce la dictadura de Onganía, todo el ámbito de la carrera de Sociología dividida, en sentido en que aquellos que mantenían una lucha libertaria que comprendían lo que había sido la experiencia de masas, era una experiencia de masas obreras, no era la de una radicalidad de lucha por el Socialismo ni por la revolución, había sido una reivindicación de lucha de los obreros por ser considerados ciudadanos, del precio que aún de carácter capitalista de sistema le cobraba seguía siendo una exclusión.
O sea que el Capitalismo argentino de la década del ´50 al ´60 no soporta incorporar ni como ciudadano ni como elector a la inmensa mayoría de lo que era la expresión política de los obreros. Es cierto, se podría argüir que –esos obreros- no tenían un carácter de clase, se podría argüir que ese movimiento al cual adscribían, de alguna manera, directa o indirecta, estaba subordinado al Capitalismo o al carácter de algunas de sus fracciones dominantes; pero lo que no podía legitimar la inmensa mayoría del movimiento estudiantil y sobre todo aquellos que habían sido solidarios y consecuentes con la construcción de una disciplina, no podían permitir ese tipo de exclusión, ese tipo de salvedad, y confundir la lucha contra una concepción política-ideológica, convertirla en la práctica a la lucha por una exclusión de los procesos políticos prácticamente al conjunto de una clase social. Ahí, en el ´62 se produce la primer ruptura -al interior de los organizadores de la Carrera- por esta empresa compartida.
Y es muy interesante porque coincide, a su vez, con una puesta en duda de los paradigmas y de los marcos epistémicos con que se había instalado y desarrollado el desenvolvimiento de la Sociología científica; de una u otra manera este desenvolvimiento de la Sociología científica estaba prácticamente monopolizado por el clima y la cultura que en ese momento a escala mundial se desarrollaba en el campo de las Ciencias Sociales. Un movimiento que de alguna manera, había comenzado a reemplazar las sugerencias del marxismo, en particular de Marx, por modelos analíticos de otra naturaleza. Cuando se introduce una demanda cada vez más sistemática hacia la dirección de esta empresa académica de Sociología por hacer presente el marco epistémico marxista, encuentra una enorme resistencia. Es a partir de ese momento que se produce una crisis en esta empresa que, hasta ese momento era monolítica y de tremenda unanimidad.
Pocas veces se habla de ese momento de crisis y una de las razones fundamentales de por qué no se habla, es porque prácticamente el desenvolvimiento de esa crisis coincide y es oscurecido por el golpe militar de Juan Carlos Onganía. Se produce en el ´66, en el momento que la crisis acerca de cuál debía ser la dirección de la carrera de Sociología, cuáles debían ser los problemas a investigar y, sobre todo, cuáles deberían ser los modos de articularse los problemas a investigar y los problemas de las luchas políticas sociales en Argentina. Este proceso que se estaba desarrollando es oscurecido por el golpe militar de Onganía.
Yo les advertí una cosa, para que no pase desapercibida, la construcción de la carrera de Sociología entre el ´56 y el ´57 fue tremendamente atacada por los aparatos de inteligencia del Estado. Ese colectivo de sociología era acusado permanentemente por los servicios de inteligencia de ser una especie de “grupo de Frankfurt”, construyendo su alternativa en Argentina. Era un ataque sistemático. La carrera sistemáticamente era atacada por dos grandes razones: Germani era judío, Germani era marxista. Digo estos elementos porque hace comprensible el por qué gran parte de este movimiento estudiantil enfrentaba el ataque de los enemigos y cubrir el espacio histórico para poder fundar el desarrollo de la investigación científica, desde las perspectivas sociológicas en un anclaje amplio de las ciencias sociales.
En esta empresa, el modo como se desarrolló la enseñanza durante los primeros cinco, seis años, sólo es inteligible, insisto y reitero, si es que a la figura de Germani se le une la figura de José Luis Romero: es tremendamente central este tema. Digo esto porque en el desarrollo histórico de los reconocimientos del pasado, la figura de José Luis Romero desaparece. Y queda sobre enfatizada la figura de Gino Germani. Que Germani tenía méritos para el lugar que ocupa hoy día en la memoria, no hay duda. Pero es necesario señalar que los procesos políticos que se desarrollaron posteriormente encubrieron y excluyeron a uno de los más magníficos historiadores de Argentina, que es José Luis Romero.
Creo que también entre las lecturas que sugiere Horacio [González], la reconstrucción de José Luis Romero tiene que ocupar un espacio. (Aplausos).
FIN

sábado, 31 de marzo de 2007

Sobre la carrera de Sociología

Presentamos a continuación las intervenciones de Lucas Rubinich (director de la Carrera de Sociología, UBA) y Juan Carlos Marín durante la presentación del libro de Alberto Noé: Utopía y Desencanto. Creación e Institucionalización de la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires 1955-1966. La presentación se realizó en el "Centro Cultural de la Cooperación" durante el segundo semestre de 2006. En la mesa se encontraban el autor, Alejandro Blanco y Torcuato Di Tella que ya habían realizado sus intervenciones. Juan Carlos Marín cerró el evento. Copiamos a continuación la presentación y el cierre de la reunión.


Lucas Rubinich: Como ustedes saben estamos aquí para presentar el libro del profesor Alberto Noé: Utopía y Desencanto, cuyo subtítulo es: Creación e Institucionalización de la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires, período 1955-1966.

En mi carácter de director de la Carrera de Sociología quiero decir que realmente es un verdadero gusto presentar este libro y agradecemos al Centro Cultural de la Cooperación que nos posibilita hacerlo en esta casa que siempre es una casa amiga. Quería decir algunas cosas simplemente para darle la palabra a los compañeros expositores que van a referirse al texto. Las personas que se van a referir al texto de Alberto Noé son Alejandro Blanco -no digo ni a mi izquierda ni a mi derecha, porque sino siempre hay problemas- que está en la Universidad de Quilmes; Profesor Torcuato Di Tella, Profesor Juan Carlos Marín.

Simplemente para dar lugar a las lecturas de los compañeros quiero decir que es importante en términos académicos la aparición de este texto, pero es también importante para nosotros en términos políticos y en términos culturales. Poder revisar críticamente y en algún sentido como decía recién Lito, homenajear momentos que fueron importantes en términos de apostar a cambios, es algo que resulta bien, valorables en términos políticos y culturales.

La carrera de sociología, como todos ustedes saben, ha recorrido una trayectoria compleja y accidentada pero sus mejores momentos estuvieron marcados por esa preocupación fuerte por la cosa pública, una tensión interesante siempre, con la preocupación por intervenir en los grandes debates de la propia sociedad. Idas y vueltas, tensiones, pero si uno tuviese que pensar en los momentos más destacados debería poder decir que, sin lugar a dudas, esos momentos de conflictos, esos momentos en el que la tensión entre el mundo académico y el mundo político fueron tensiones fuertes, produjeron cosas realmente bien interesantes. El próximo año se cumplen 50 años de la creación de la carrera de sociología. En 1957, como todos ustedes saben, Gino Germani fue el verdadero organizador cultural, con un conjunto de personas, algunos de los cuales uno podría decir que están acá también, tuvieron una actividad realmente modernizadora en la Universidad de Buenos Aires. La carrera de sociología tuvo una impronta realmente modernizadora y muy tempranamente intervino en esos debates que comenzaban a prefigurarse en la década del 60. Intervino de alguna u otra manera, en lo que muchas veces se llama, más o menos rápidamente, la configuración de un amplio y heterogéneo espectro político que uno a veces caracteriza como nueva izquierda.

Quiero decir entonces, que para la Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, es realmente un honor poder presentar este texto y queremos saludar a los compañeros que han venido acá como público y quiero saludar a los profesores que han tenido la amabilidad de estar presentes hoy acá y decir algo sobre este texto que a nosotros nos parece bien significativo.


Juan Carlos Marín: Yo voy a tratar, intentar, referirme, dentro de lo posible, al efecto y a la importancia que ello tiene, el hecho de que aparezca un libro que reinstala una temática y sobre todo que intenta hacerlo, haciendo jugar dos procesos: haciendo presente personas que actuaban sobre un proyecto que él llama la utopía y además hechos, hechos que él considera de alguna manera u otra forma que son emblemáticos para entender las etapas de ese proceso.

Yo creo que conviene aclarar inevitablemente algunos hechos, sobre todo desde la perspectiva de cómo los connoto yo para que ustedes sepan que si hay deformación es a raíz de esas connotaciones. Tiene importancia cómo se genera una determinación en la comunidad de la Universidad de construir un nuevo espacio de investigación y conocimiento. Recalco esto: de investigación y conocimiento.

Una de las razones más sustantivas por las que un grupo de personas vinculados a lo que había sido la historia y la actualidad del movimiento estudiantil vio en la persona de Germani una chance de abrir una brecha, y la vio desde la perspectiva de un grupo de personas que ya habían ensayado una primer decisión que era más sustantiva en definitiva, que este proceso de extraña cooptación, que los jóvenes en ese momento y no tan jóvenes, porque habían entrado en juego dos generaciones: la generación que habían participado en la lucha en el movimiento estudiantil cuando las universidades fueron ocupadas militarmente entre el 43 y el 45. Esa ocupación militar fue en realidad mucho más sustantiva que el proceso de descomposición intelectual que sufrieron las universidades, porque fue la estampida de lo que era blanco y lo que era negro. Se podía discrepar, pero ocupar militarmente las universidades del 43 al 45, trascendía, no la discrepancia, sino esa congénita determinación genocida, de no soportar las distancias en el plano de la acción y de la reflexión.

Era un movimiento estudiantil que cuando se produce el derrocamiento militar y político del peronismo, ha participado de miles formas en esas luchas, incluso muchos de ellos habían participado en forma armada, no sólo la crítica intelectual, la crítica tradicional y típica de lo que son las luchas estudiantiles ocupando espacios gritando libertad. Era un movimiento libertario profundamente, no por una corriente peculiar del anarquismo, libertario porque era un movimiento que permanentemente explotaba buscando oxígeno, realmente, y no lo encontraba ni en el ámbito de la universidad ni en las calles. No hay que ser tremendo, basta cualquier historiador que tome los archivos de las prisiones durante el 43 al 45 y que tome del 45 al 55 y eran miles, no cientos, miles de estudiantes detenidos y con una estrategia en donde el proceso judicial no existía, existía la arbitrariedad de estar a disposición del Poder Ejecutivo.

Esa generación, esas dos generaciones fueron las que hicieron un reclutamiento mucho más sustantivo en lo que es, digamos, los operadores centrales de la recuperación de la Universidad. Era captar a una persona como José Luis Romero. Pasar a asumir el proceso de reestructuración de la vida académica, lo cual tenía una enorme trascendencia en la vida nacional, porque instalar a Romero como rector interventor tuvo un efecto en todo el país. O sea en cada una de las sedes de las universidades estatales, pasó a ser una especie de modelo, sugerencia, alternativa de qué es lo que había que buscar. Y este no es un hecho contingente de simpatías ideológicas sino era un hecho de algo que ilustraba lo que era la raíz de ese movimiento estudiantil, era un movimiento estudiantil que respetaba el conocimiento. Si algo estaba sacralizado, en realidad, era esa articulación de que la libertad se comprende porque formaba parte del proceso constitutivo del conocimiento. Tampoco era un hecho contingente intelectual, que era brillante antes de ser rector, era investigador conocido incluso por la extrema derecha, el centro, la izquierda, o sea era un investigador antes que nada y además era un hombre de ideas socialistas y militaba con sus ideas socialistas, incluso, partidariamente. Este elemento fue central, o sea, no hubo que luchar para instalar y abrir una brecha en el campo de la ciencia para que ocupara un espacio, una orientación disciplinaria como la sociología. No hubo que luchar, al contrario, era ir armando el rompecabezas.

También fue toda una empresa compleja, destrabar en el campo de la antropología, el monopolio que tenían personas, no de orientaciones fascistas, eran fascistas, eran italianos y fascistas y operaban como fascistas, y operaban, incluso, en la continuidad de lo que había sido el proceso represivo del prefascismo en la Argentina y en Italia. Entonces, no es que se luchaba contra fantasmas. ¿Qué sí aprendimos poco a poco? Y en esto quiero hacer una salvedad, en muchas de las intervenciones aquí, no se respeta los estadios que recorren los procesos y las condiciones reales en que esos procesos tienen que recorrerse. O sea, luchar contra un autoritarismo, incluso con armas, y no sólo con ideas y confrontaciones políticas, es de una enorme complejidad. La lucha antifascista es una lucha compleja, pero es compleja al día siguiente de que el fascismo es derrotado, porque es el día en que con dolor de muchos, comprendemos que la lucha antifascista es una lucha antiautoritaria pero no necesariamente es una lucha anticapitalista. Muchos de los que lucharon contra el fascismo del movimiento estudiantil, en las tres generaciones que ocupan esos años, no es verdad que luchaban porque tenían una relación crítica con el orden social y los efectos de ese orden social. No instalaban el fascismo como una de las caras y movimientos de expansión del capitalismo; el fascismo era un accidente, era una perversión en todo caso. Traten de leer ustedes lo que es la descripción en el mundo y en el campo científico acerca de esos procesos, hay que esperar casi 40 años para que empiecen a aparecer las investigaciones de Milgram, 40 años para ver operadores psicosociales que pueden operar, 40 años hay que esperar también para ver Shoha, para ver un documental, 40 años!! Piensen ustedes en qué se instalaba el movimiento estudiantil. Se instalaba en un momento en que una guerra mundial antifascista no era en realidad una guerra anticapitalista, era en realidad una guerra entre capitalistas y era una guerra, una vez que se provoca, "justa", alguno de los dos bandos pone en dudas la vida de aquel que piense, incluso democráticamente, incluso en una democracia burguesa y mucho más aún aquel que pretendiera cambiar un orden social que tuviera un carácter capitalista.

En principio, esto es intentar localizarse en cómo se toman las decisiones, las condiciones reales en que se toman esas decisiones, o sea, la instalación en la Universidad de un rector como José Luis Romero, suponía dos exigencias: el respeto a la construcción de la investigación, no a un proceso, a una maquinaria que divulga conocimiento preestablecido, sino la convicción de que había que pasar de menos a más conocimiento, justamente, porque no sabíamos, porque lo que sabíamos era tremendamente pobre y los que decían eso, no venían de una derrota, todos veníamos de haber triunfado con las armas a un régimen militar. Pagamos históricamente el precio que supone hacer la guerra, que no es trivial y no hay ninguna renuncia a ese hecho, se volvió a repetir tantas veces como hacía falta por parte de aquellos que tienen una determinación antifascista y anticapitalista. La oportunidad lo decide a veces y no uno, sino la totalidad de las contingencias.

Lo cierto es que instalar como rector a José Luis, historiador, historiador medievalista, pero antes que nada un investigador. La mejor publicación científica, en ese período, aún en el contexto del peronismo era Imago Mundi, no era cualquier construcción especulativa, no era el discurso y el empirismo de la lógica del discurso, no, era el resultado de la investigación. Sin José Luis Romero no se entiende el modo concreto, específico en que se fue construyendo la carrera de sociología. Lo voy a decir por simpleza, el eje histórico en las conversaciones entre José Luis y Gino eran una cosa tremendamente estructurante de lo que se decidía. Hubo N reuniones entre José Luis y Gino Germani, que se llevaban, por supuesto, mal y bien, las dos cosas, o sea, se peleaban, se amigaban, etc., pero lo que no escapaba era que los dos estaban construyendo ese proceso, es más, el primer enfrentamiento importante que divide las aguas en el campo del movimiento estudiantil y en el campo de la comunidad universitaria, en el sentido amplio, es un proceso que lleva al derrocamiento de José Luis Romero. O sea, fue la implantación y la lucha por instalar la privaticidad de la enseñanza, no la enseñanza libre, sino la privaticidad creciente de la enseñanza y vemos hoy sus efectos a simple vista. Hay pocos estudios acerca de lo que produce un campo estatal de lo que produce el campo privado, fundado en la ganancia y en el mercado, y en el carácter mercantilista del proceso del conocimiento.

En ese momento, la derrota de José Luis, compartiendo el principio de descomposición de la enseñanza laica, imperceptible en ese momento. "Hay lugar para todos" falso!!, no es verdad que hay lugar para la libertad y los capitales. No hay lugar! Está el dominio y desaparece el oxígeno del otro lado. Pero volvamos ahí... la continuidad cuál fue? Inicialmente una transición esotérica con Cevallos que duró unos meses, hasta que se convoca a algo que también había sido una conquista del movimiento estudiantil: se convoca a una asamblea para instaurar un gobierno tripartito, retornar a las grandes ideas fuerzas de lo que es el compromiso en el seno de la comunidad universitaria, no es clientelismo, es intentar construir un carácter comunitario entre los que comparten la construcción de conocimiento y su difusión. No es clientelismo, y hay que repetirlo, no es por ser amigo de los estudiantes, no hay universidad sin estudiantes! Margaritas por la noticia! Y todo el esfuerzo es justamente, una máquina de triturar gente, basta ver las estadísticas de deserción. El problema es complejísimo hoy día, pero la serpiente estaba ya empezando a gestarse, sin embargo se crea la carrera de sociología y no se crea arbitrariamente, se crea simultáneamente psicología, se crea simultáneamente extensión universitaria. La extensión universitaria no nacía de un repollo, nacía también de la militancia estudiantil, fue la militancia estudiantil la que instaló la decisión de que existiera un departamento de extensión universitaria y la raíz con que contó Dilisio era una construcción el movimiento estudiantil durante 5 años en barriadas populares, pobres como una rata, descompuestas socialmente. Luchar contra un fascismo es tener la certidumbre de que en frente de uno está la totalidad de los obreros trabajadores, ja! qué chiste! ese fue durante años el dilema de la lucha libertaria. Objetivamente teníamos enfrente nuestro, en la vida cotidiana, doméstica la enorme mayoría obrera.

Germani fue cooptado por un movimiento estudiantil para instalar una determinación de la investigación científica. Es más, Germani dio sus primeras batallas contra el sistema de inteligencia del ejército siempre tratando de usar la carta de la investigación científica, mal o bien, eso es lo que intentó hacer. No se hizo mejor? y quien coño sabía hacer mejor las cosas y cuántos éramos!! Eramos muy poca gente que supiera, estrictamente hablando, investigar en las dimensiones sociales. Prácticamente, salvo el avance que había hecho Germani de investigación sobre la estructura social de Argentina, prácticamente no había mucho más en esa dirección. Pequeñas monografías, etc., se juntó un grupo de gente cuya convicción era que no sabía, esa era la convicción fundamental y querían saber. La raíz de por qué se quería saber? es porque la realidad que enfrentábamos la conocíamos poco, bastaban pocas horas después de la caída del peronismo para descubrir que había dos bandos: los que habían luchado por razones antiautoritarias, etc. y no tenían problemas con el capitalismo y los que habíamos luchado por una torta total, que también nos molestaba el capitalismo. Claro, pocos meses después, no tan lejanos, muchos de los que formaron parte de ese movimiento estudiantil, poco a poco, en la medida en que los procesos políticos sociales empezaron a profundizarse en la Argentina..., no es que reniegan de lo que piensan, sino que las condiciones sociales también cambian. A un joven entre los 18 y los 25 años, pedirle en la década del 40 al 50 esta sofisticación en la lucha libertaria, de que no es lo mismo la lucha antifascista que anticapitalista, era de una complejidad enorme. Mucho más tarde hay un análisis de la década del 40 y 50 de clases, de lo que fue la guerra mundial. Dónde está el análisis de clase? Han pasado no se cuantos años!!. O sea, hoy día, la guerra que vivimos hoy día, ¿dónde está el carácter de clase de esa guerra? O me van a vender a mi que el problema es entre uno que quiere construir un Estado y el otro que ya tiene un Estado y lo defiende! Nimiedades!! Es mucho más complejo! Hay dueños del cuerpo por los dos lados, coño! Dónde está esa imagen monolítica del Estado de Israel? Falsa!! Totalmente falsa!! Es falsa que es monolítica, es del dominio de una fracción. Esa imagen mesiánica, terrorista que quieren construir es falsa!

O sea, pero volvamos a lo que interesa, si no se analiza ese proceso desde la perspectiva de que es un grupo muy mal pertrechado, con recursos tremendamente escasos y en condiciones de una brecha aparentemente favorable, pero para dar ciertos pasos no tan favorable. Era un destacamento pobre, con una sola convicción que los articula: quieren construir un campo científico y tienen la certidumbre que para construirlo, lo importante es generar un proceso de investigación. ¿Con qué arma? Con casi ninguna, justamente, la pobreza es darse contra la pared. La Isla Maciel se vuelve un podio, se usaba fundamentalmente como una publicidad que nos permitía conseguir ingresos, porque en la práctica real Isla Maciel, era un grupo entre 15 o 10 que ayudaba a los chicos a resolver sus tareas, que ayudaba a las maestras, etc., entonces Germani que decía: hagamos ahí la investigación, podemos meter el pie y no nos echan ni nos putean por ser antiperonistas. Así de simple la realidad, o sea, todo tiene su complejidad, claro, pero la historia no se detiene a esperar que uno tenga más fuerza, sigue su desenvolvimiento.

Entonces el hecho inmediato que empieza a aproximarse poco a poco, es que se ha logrado crear las precondiciones de un ámbito a ciencias sociales, donde el elemento de centralidad no es sociología, sino el ámbito. Claro, yo tuve el accidente favorable, era el más ignorante de todos, no tenía la más remota idea, yo necesitaba saber y no tenía idea de cómo, entonces era alumno. Pasé de organizador movimientista a alumno. Entonces tuve una riqueza enorme de lo que recibí, esa suerte no la tuviste vos, por ejemplo que no fuiste alumno y yo desde ahí entiendo lo de Torcuato[1] y establezco una distancia de racionalidad. Torcuato llega en un momento en el que ha habido dos años de una complejidad y un caos total. Habían entrado en acción 10, 12 personas, medianamente formados pero eran piezas de un rompecabezas, sólo en su articulación tenían un efecto relativamente racional riguroso. Así de cierto, era el desplazamiento de Bornida de antropología, y la llegada de gente que tenía una formación más racional, más actualizada y sobre todo mucho más firme en la determinación y en la acumulación de conocimiento científicamente instalado, lo que no era poco. Estaba la gente de psicología, que eran 15! Fíjense el desastre que eso era, una carrera de sociología instalada en medio de la nada. ¿Cómo puede ser? Ahora historia está lejos, allá en la lejanía, ni siquiera llega a ser un ruido para nosotros, psicología prácticamente no existe. El nivel de estupidez que se admite acerca de la subjetividad cuando se enseñan algunos elementos de sociología, es atroz! es para asustarse directamente! En aquella época había una incursión sobre las investigaciones, no sobre la guitarra piagetiana, sobre las investigaciones de Piaget. Yo me acuerdo el primer número que sacamos de la revista de la universidad, año, escuchen bien la fecha! año 1958, comité de dirección: Rolando García, Lito Marín. Cuál fue el primer artículo en el primer número? Una investigación de Piaget en conversación con Einstein de carácter experimental, no lo que opinaban de la realidad!! una investigación fuertemente empírica, además experimental conversada con Einstein, acerca de las covarianzas, ecuaciones convarianzas. Qué había? Había un esfuerzo realmente de instalar lo que era investigación, pero lo había en todos los ámbitos de la Universidad y también había quien de eso hacía un negocio, pero no es el negocio el que caracteriza la determinación, esa determinación se hizo sustantiva por muchas razones que la gente no tiene ni idea, sufrió los efectos y muy pocos podían alcanzar a decir cuáles fueron las causalidades de esos efectos.

Hubo un intento, ese intento no tuvo un carácter ideológico, tuvo fundamentalmente un carácter de determinación: que pasar de menos a más conocimiento era un valor, y que del método y la fuerza tenía que nacer el desarrollo de la investigación científica. Lo hicimos con lo que pudimos, casi no teníamos nada, fue mucho más la instalación como valor moral que la construcciones concretas en que se realizó eso. Eso es cierto. Tenía más importancia, a veces, conocer investigaciones hechas en otros momentos y en otros lugares que sumergirnos todos en la pobreza de lo que podíamos hacer. Yo me acuerdo lo que fue el primer congreso en el centenario... parecía de provincia, éramos 30 personas y alguna decía: hay que hacer un congreso. A ese congreso vino Pablo González Casanova, a ese congreso en Buenos Aires. Eramos pobres, así de simple, pero lo que sí es cierto es que lo que poníamos en la mesa era más conocimiento del que había antes. Claro, era un soplo, de acuerdo, y el paso adelante se había dado de acuerdo a las exigencias mínimas, máximas de lo que es investigar.

Ahora que pasa, la sociedad no se detuvo, siguió su curso, su marcha. El vaivén entre dictaduras, golpes de mano, un presidente que anula las elecciones... y a eso me quiero referir. El primer cimbronazo entre nosotros tenía que ver con la historia social y política de cada uno de nosotros. ¿Cuándo fue el primer cimbronazo entre nosotros? Cuando digo “nosotros” quiero ser claro: un destacamento libertario socialista. Lo llamo libertario porque su concepción de la lucha por la libertad era bastante variada. Y los socialistas también, eran bastante variados, y entre nosotros la historia demostró que había diferencias, distancias, etc. Sin embargo había un período histórico que no nos exigía mayor claridad, o sea podíamos usar instrumentos gruesos. El primer cimbronazo sucedió alrededor del 62 a raíz de que en la política nacional, como manera de hacer realidad la lucha contra la proscripción política de un partido, o sea, yo había luchado contra el peronismo, pero no estaba de acuerdo con que se excluyera la identidad política, así de simple. No sólo no estaba de acuerdo, sino que además hice maldades infinitas para luchar, de todo tipo. Ahora, llega el 62 y habíamos logrado laboriosamente, las tres corrientes políticas: socialistas, comunistas y la fracción del peronismo hacer un frente, y ganamos, así de simple. Ganamos. El señor Frondizi a la semana, qué hizo? anuló la elección. No se dio cuenta que a la semana lo anulaban a él también, o sea, el ejército lo sacó.

Este fue el primer cimbronazo. Cuando el destacamento que objetivamente era el destacamento que tenía más importancia de lograr el apoyo político institucional de la construcción de sociología, hizo esta articulación, tanto Rolando García como Gino Germani, nos bombardeó. Eramos amigos, y él me decía: "ya llega el fascismo de turno", o sea, y Gino sufría, ojo, no era una agresión de aquel que no tiene sensibilidad, era un sufrimiento para él. Yo no quiero hablar de Germani, sólo hago referencias tangenciales, me importa más el proceso del cual él formó parte junto con otros. En ese momento, entre nosotros se produce una cosa muy tensa, con Graciarena, incluso, se produce una cosa... porque éramos gente que nos teníamos afecto, que habíamos construido cosas juntos, y la radicalidad del proceso político de las confrontaciones del país nos iban produciendo un distanciamiento. No se vale calificar el contenido de ese distanciamiento, es importante tener en cuenta que no era algo que ocurría por el estado de ánimo personal, era algo que tenía que ver con lo que ocurría en el país. Y no es un acto de violencia ni de irracionalidad haber construido ese frente político, históricamente se demostró que eso era lo que había que hacer para ahorrar muchísimas vidas en el país. Pero no es tan fácil hacerlo, el día que lo hicimos a la buena nos sacan, el día que lo intentamos a las malas también nos golpearon.

Pero volvamos allá, eso nos distanció a todos nosotros un poco. Y acá les mando un aviso a todos, el libro de Alberto hace referencia en un momento dado a un distanciamiento de quien habla con Gino, lo que no dice es cuál fue el motivo ese día, cuál fue el tema ese día, porque tiene una tremenda actualidad: ese día discutíamos con Gino y estaba la Junta de la Carrera, discutíamos si los profesores que éramos transitorios, honorarios, etc., etc., podíamos votar o no, es eso de simple. Y entonces Germani en un momento dado me dice: "Votemos", y yo le digo: "si nunca votamos, sigamos charlando." "No porque gano". Y votamos. Cuando perdimos esa votación, y esto es antes del golpe de Onganía, a partir de ese momento el grupo de profesores que estábamos involucrados, que éramos como 6 u 8, decidimos construir una alternativa institucional fuera de la facultad. Pero con la convicción de que no nos íbamos sino que íbamos a construir un espacio, desde el cual, con la ingenuidad necesaria del caso, íbamos intentar investigar desde una perspectiva, a partir de las sugerencias teóricas de Marx. Alguien puede poner en duda que Marx forma parte de la teoría social? No hablo de paradigma, porque eso es vetusto hablar así, realmente, hay que actualizarse. No, una cosa más humilde, Marx forma parte de la teoría social. Nadie dice que es LA teoría, forma parte de la teoría social. La exigencia, la referencia con Germani, de hacer presente eso, era algo adicional a lo otro, era un elemento adicional. Queremos votar. Germani lo vivió como la crisis de su autoridad, era absurdo, nunca me voy a olvidar de eso: no votemos, sigamos charlando... no porque gano y por supuesto ganaba.

A partir de ahí, desde mi perspectiva, se preanunciaba una crisis en ese primer destacamento. Pero es bueno tener conocimiento de cuál es la raíz de la crisis, no era el golpe de Estado de Onganía, no era el autoritarismo de izquierda, era que la fuerza político social moral que había construido eso divergía respecto a las condiciones inmediatas y divergía porque éramos objetivamente distintos. Una cosa que me dolió del libro de Alberto y no es por él, la culpa no es de él, digo una cosa, si había una persona que tenía origen en Marx en el campo de la reflexión y la investigación científica era José Luis Romero. Graciarena lo reconoce, es más, hace el reduccionismo de que Germani era marxista y yo creo que sí, que Germani era marxista, no era un hombre de Marx, era marxista, era de toda una corriente. José Luis no, al igual que Piaget, tiene una especie de respeto científico pleno a Marx, claro, no daba marxista, porque quien tiene respeto a un esfuerzo y un desarrollo en el campo de la actividad social, no se vuelve tonto, mesiánico, esencialista y fundamentalista, lo usa para investigar. En el caso de José Luis... el libro más importante en este país, en investigación científica, en el campo de las ciencias sociales se llama "La Revolución Burguesa en el Mundo Feudal" construido durante casi 20 años de investigación por José Luis Romero. Ese libro incidió de manera mucho más sustantiva de lo que la crónica registra. José Luis dio un curso durante 4 años, empezó desde el mundo antiguo y llegó a la actualidad. Me acuerdo haberle entregado la cantidad de libros de Lenin para ir configurando lo que había sido el principio del siglo XX, etc., del cual José Luis no tenía todo esos libros, porque esa fue una novedad a partir del 57, 58 en que empezaba a salir prácticamente casi toda la colección. No es que intentó contrabandear a Lenin, pero quien puede poner en duda que hay trabajos de investigación de Lenin que en el campo de teoría social, de las sugerencias técnico metodológicas han sido tremendamente valiosas. No se puede poner en duda, eso no es ser leninista, es usar la historia de la cultura humana. Creo que hay mucho sesgo en pensar que los otros son tontos y que las cosas se explican por la acumulación de ignorancia, no. Hubo un esfuerzo permanente por construir conocimiento y no teníamos condiciones ni sabíamos cómo, eso creo que es central. Lo que es interesante para todos es que bastó una pequeña vuelta de tuerca de intentar hacerlo para que tuviera un efecto tan sorprendente. Así de simple. Ahora, reducir ese efecto tan sorprendente a una personalidad creo que es un error. No le quita valor a esa personalidad, al contrario, cuando uno empieza a descubrir que esa personalidad formó parte de un proceso y ocupó un lugar significativo, empieza a descubrir algo: el proceso es mucho más rico de lo que uno inicialmente se imaginaba. Ahora que pasa? Se siguió radicalizando la sociedad argentina, las dictaduras cada vez empezaban a tener una vehemencia, también ellos, libertaria, exagerada. Y todo esto, evidentemente empezó a crear una complejidad mucho mayor.

Hasta acá llega la historia que yo conozco del campo de las ciencias sociales, yo prácticamente me distancié de este territorio, y no me dejo llevar por lo que dicen, me distancié prácticamente meses antes de que el dominio de la dictadura de Onganía empezara a ejercer su ejercicio. Un año más estuve. Es más, quiero aclarar, en la asamblea de profesores que se discutía qué se hacía en la Universidad ante el golpe de Onganía, hubo un pequeño destacamento de profesores que no estábamos de acuerdo con abandonar la Universidad, sino que estábamos de acuerdo con luchar, y si querían que nos sacaran de ahí. Cuando votamos, ese pequeño grupo quería y sugería quedarse y defender mesa a mesa la trinchera, espacio a espacio, y que aunque quedara la escoba, no se la teníamos que entregar y mucho menos aún abandonar a miles y miles de estudiantes, cuyo nivel de experiencia de luchar en esas condiciones era mínimo, salvo la nostalgia de los que habían sido de otras épocas, que ya no eran las mismas, esta era más dura, ya la policía brava del peronismo nada tiene que ver, cuando empieza a construirse lentamente la pasión para acumular una identidad moral que puede ejercer un genocidio. La gente de Onganía ya empezaba a ser el clima ese, con una lentitud total, por supuesto, por supuesto.

Hasta acá llegó mi amor, más allá de eso, es pura guitarra, esto tiene más que ver con lo que se conoció y vivió.
NOTAS

[1] Torcuato Di Tella fue el expositor previo y a él se refiere con lo de no haber tenido la misma suerte.